jueves, 2 de abril de 2009

Visión del significado de las lágrimas derramadas por la muerte de R.A.

"Padre de la democracia", lo bautizó en las últimas horas el pueblo argentino; "abogado de la libertad", lo apodó el ex Presidente de Brasil José Sarney en su visita al país. Raúl R. Alfonsín fue probablemente el único personaje de la historia argentina reciente que logró unir a un pueblo que en estos días está profundamente dividido, recibiendo los respetos de correligionarios y opositores que se cansaron de dedicarle palabras de afecto y reconocimiento.

Yo nací en democracia, es algo de lo que estoy feliz. De chico aprendí que el ex Presidente Alfonsín era uno de los responsables de que hayamos recuperado la libertad de elegir a nuestros representantes... Ahora bien, estoy seguro de que no fue el único y estoy seguro de que, hasta hace no mucho tiempo, el pueblo argentino no le reconocía tan expresamente su importante rol en el proceso más trágico de la historia nacional. Y por todo eso me hago una pregunta ¿Qué hizo que miles de ciudadanos comunes, políticos y clérigos de Argentina y de muchas otras partes del mundo lloren en estos días la extinción de este gran líder? Y me animo, como de costumbre, a ensayar una respuesta...

De acuerdo o en contraposición con sus ideas, es innegable que Alfonsín poseía dos atributos (entre muchos otros) que en nuestra política hoy no abundan:

Instrucción es la primera, acompañada por la capacidad de dialogar y consensuar. El ex Presidente era uno de los pocos hombres políticos con una sólida formación intelectual, que se manifestaba no sólo en su brillante oratoria sino también en su sed de diálogo con los más destacados intelectuales del país. Los invito a que hagan el ejercicio de pensar en un dirigente que hoy cumpla con esta combinación de atributos y me atrevo a adelantarme a las conclusiones... Muy pocos!

La segunda es la capacidad de pacificar. Ya sea por el momento histórico en que gobernó o por cualquier otra causa, Alfonsín juzgó cuando hubo que juzgar, negoció cuando tuvo que hacerlo (en política exterior se avanzó en erradicar la hipótesis de conflicto con Brasil y se evitó una guerra con Chile) y echó mantos de paz cuando fue necesario, aún frente a los levantamientos que quisieron interrumpir una vez más con la democracia.

En momentos en que el país parece no encontrar políticos (salvo raros espacios a los que se tilda injustificadamente de opositores irresponsables) que debatan seriamente en base a programas y propuestas concretas; y al mismo tiempo en el marco de un conflicto que divide profundamente a la sociedad, por la falsa necesidad de encontrar siempre un enemigo, me pregunto ¿No serán estos atributos, que Alfonsín tenía tan marcados, los que reclama la sociedad? ¿No estarán esas lágrimas pidiendo en realidad más políticos de la talla del ex Presidente? Ojalá sepamos, con las elecciones a pocos meses, interpretar el dolor del pueblo argentino por la muerte de Raúl R. Alfonsín (QEPD).

NOP.