lunes, 14 de julio de 2008

Sentaku





Mucho de lo que proviene de Japón es asociado con la perfección. Para nuestras sociedades latinoamericanas, ciertos rasgos de comportamiento social y de eficiencia productiva son admirados sin necesidad de ser estudiados a fondo.

Sin embargo, incluso para los parámetros de nuestras problemáticas realidades, es evidente que Japón ha fallado en sus intentos (he hecho esos intentos?) por crear un sistema político competitivo, en el que los partidos puedan alternarse en el ejercicio del poder.

Con el tiempo – y la ayuda de los reveses económicos – esta carencia ha redundado en la situación actual: un Partido Liberal Democrático que ya no monopoliza el gobierno y una oposición que no logra la fuerza necesaria para reemplazarlo. Hace un año el Partido Democrático de Japón alcanzó la mayoría en la Cámara Alta de la Dieta. Lo que en otras circunstancias hubiera sido promisorio, en este caso es inquietante (aunque no necesariamente negativo), ya que la Constitución japonesa no prevé que las cámaras sean controladas por fuerzas políticas distintas.

La necesidad de renovación es, entonces, más que evidente.

Más allá de ciertos intentos de reciclaje (uno de los más notorios protagonizado por Junichiro “Richard Gere” Koizumi) surgen impulsos interesantes. Me refiero al movimiento Sentaku, compuesto por intelectuales, miembros de los principales partidos políticos (incluso miembros de la Dieta y políticos reformistas provenientes de los niveles locales del gobierno) y hasta hombres de negocios.

El objetivo de máxima de este grupo es lograr la reestructuración del sistema político, hasta el punto de alcanzar la ansiada alternancia y al menos cierta coherencia ideológica por parte de los partidos. Para ello, presionan por una descentralización del sistema, demandan que las campañas de basen en plataformas claras y alientan a la población en general, que suele estar en otra cosa, a que controlen a los funcionarios que han elegido.

Coherencia en las propuestas, control de los funcionarios y descentralización del poder son, en definitiva, sus premisas.


Algunos ven la salvación en Sentaku. Otros cuestionan su capacidad para empujar el cambio, siendo que no pudieron hacerlo en el interior de sus propios partidos.
Otros, los que estamos lejos, vamos a seguir su desarrollo con mucho interés.


GLS