miércoles, 16 de julio de 2008

Las Feiras

La otra semana tuve que viajar a Rosario. Fui en micro. En el viaje pasaron una película. Me resultó extraña la elección: se trataba de la producción brasileña “Olga”, sobre la vida de Olga Benario, primera mujer de Luis Carlos Prestes.

Más allá de la evaluación de los méritos artísticos de la obra en cuestión, siempre es interesante repasar la vida de una persona que, desde un campo de concentración y en las vísperas de su muerte, dice, convencida, “Luché por lo justo, por lo bueno, por lo mejor del mundo”.

Al regresar de Rosario fui a buscar en mi biblioteca una biografía de Prestes que me había comprado el año pasado. En ella se cuenta sobre el tiempo que pasó en Buenos Aires el “Caballero de la Esperanza”. Aquí se hace amigo de Rodolfo Ghioldi, baluarte (¡?) del comunismo argentino, quién se transforma en una especie de mentor ideológico.

También se relata el momento de la liberación de Prestes y se incluye unos párrafos de “Confieso que he vivido” de Neruda, donde el chileno evoca la ocasión en que lo conoció.

Hay ciento treinta mil almas en el Pacaembú. Llega Prestes, sobrio, solemne. Neruda lee un poema en honor del liberado. Lo lee en español. Para sorpresa del autor, la multitud parece entender cada palabra. Más tarde, los dos personajes se encuentran. Relata Neruda:

Por fin me encuentro frente a frente con el legendario Luis Carlos Prestes. Está esperándome en la casa de unos amigos suyos…

Dentro de su reserva, es muy cordial conmigo. Creo que me dispensa ese trato cariñoso que frecuentemente recibimos los poetas, una condescendencia entre tierna y evasiva, muy parecida a la que adoptan los adultos al hablar con lo niños.

Prestes me invitó a almorzar para un día de la semana siguiente. Entonces me sucedió una de esas irresponsabilidades solo atribuibles al destino o a mi irresponsabilidad. Sucede que el idioma portugués, no obstante tener su sábado y domingo, no señala los demás días de la semana como lunes, martes, miércoles, etcétera, sino con las endiabladas denominaciones de segunda-feira, terca-feira, quarta-feira, saltándose la primera-feira para complemento. Yo me enredo enteramente en esas feiras, sin saber de qué día se trata.

Me fui a pasar algunas horas en la playa con una bella amiga brasileña, recordándome a mí mismo a cada momento que al día siguiente me había citado Prestes para almorzar. La quarta-feira me enteré de que Prestes me esperó la terca-feira inútilmente con la mesa puesta mientras que yo pasaba las horas en la playa de Ipanema. Me buscó por todas partes sin que nadie supiera mi paradero. El ascético capitán había encargado, en honor a mis predilecciones, vinos excelentes que tan difícil era conseguir en Brasil. Íbamos a almorzar los dos solos.

Cada vez que me acuerdo de esta historia, me quisiera morir de vergüenza. Todo lo he podido aprender en mi vida, menos los días de la semana en portugués.


Que no nos pase a nosotros…. ¿se entiende?

GLS