lunes, 28 de julio de 2008

Demofilia


(Obras de Oswaldo Guayasamín)

Cuando empezamos, una de las primeras cosas que queríamos y teníamos que decidir era el nombre del grupo. Algunos de nosotros propusimos, entre otras posibilidades, el nombre “Demofilia”. No tuvimos suerte. Fuimos tomados a la chacota y reprimidos, verbal pero violentamente, por el resto del grupo. No importa… ya nos recuperamos.

Nuestra frustrada propuesta había nacido de un concepto no muy difundido (de hecho, el procesador de textos que estoy utilizando no lo reconoce como palabra). Demofilia es amor por el pueblo, como resulta obvio una vez que pasamos la barrera auditiva que emparienta al concepto con diversas enfermedades y perversiones. Otras interpretaciones lo describen como “atracción por las muchedumbres”, lo que también sería comprensible porque los que proponíamos ese nombre somos de Boca.

El concepto era apreciado por Augusto Cesar Sandino, quien repetía a menudo “Yo estoy enfermo de demofilia. No sólo amo a mi pueblo sino que amo a los pueblos, y con esta enfermedad me voy a la tumba.” Y si… suena como una enfermedad, pero es algo muy sano.

Lo siguiente es de Mangabeira Unger y Cornel West, en The Future of American Progressivism:
The soul of the ordinary man and woman hides vast recesses of intensity. The sadness of much human life lies in the disproportion between this intensity and the accidental or unworthy objects on which people so often lavish their intense commitments. That this reserve capacity for devotion and obsession can be tapped productively, for the good of the community as well as the individual, has always been a major tenet of the American religion of possibility. Democracy, Americans understand, depends upon demophilia, love of the people.”

La demofobia, también comentada en el libro citado, es él antídoto para esa supuesta enfermedad. Decidamos, si no lo hemos hecho ya, contagiarnos alegremente y no recuperarnos nunca.

GLS