lunes, 8 de febrero de 2010

Ropas prestadas


Nuestras instituciones no son nuestras, son ropas prestadas. Hemos sufrido el defecto opuesto al de los estadounidenses. Ellos han tendido a considerarse como los inventores y arquitectos de arreglos institucionales que representan las formas naturales y definitivas de una democracia política y de una economía de mercado. Nosotros hemos perdido la esperanza de crear instituciones propias que se adecuen a nuestros propósitos.
No sorprende, por eso, que Argentina continúe, aún hoy, enfrentando a sus antiguos demonios: la elección, inaceptable, entre la respetabilidad estéril y la aventura frustrada, entre el gobernante rendido y el gobernante no confiable, entre una civilización postiza, compuesta de empréstitos materiales y espirituales, y una barbarie que no consigue traducir a la vitalidad en fecundidad.
RMU