lunes, 6 de octubre de 2008

Vivir de la política


Habitualmente los periodistas y comunicadores, como el público en general, tergiversan las citas de grandes autores con el fin de otorgarle autoridad y solvencia a sus argumentos. Es así como se ha vuelto un lugar común las caracterizaciones de Max Weber (1864-1920) acerca de dos situaciones: vivir “de la política” y “para la política”. Se cita a Weber diciendo que se refería los primeros como los políticos corruptos que se sirven de su cargo para beneficio personal en tanto que los segundos eran los dirigentes abnegados que cumplían su auténtica función de representantes, bregando por el bienestar general. Leyendo “El político y el científico” observamos lo errado de la caracterización. Para Weber, quienes viven “para la política” son los honoratiores, es decir aquellos hombres que habiéndose asegurado su bienestar personal en otros campos (empresarial, por linaje, por poseer algún tipo de renta, etc.) dedican su tiempo libre, de ocio creativo, a la cosa pública; en tanto que los que viven de la política son los políticos de la Modernidad, cuya dedicación a la cosa pública es permanente y perciben una remuneración por ello. Weber celebraba que los que viven de la política prevalecieran por sobre los que viven para la política, porque ello implicaba el paso de un sistema patrimonialista o feudal hacia uno más democrático, igualitario y por lo tanto moderno. El sociólogo alemán no planteaba la dicotomía entre corruptos y honestos o bien entre pícaros y abnegados, sino la contraposición entre un sistema de estamentos o castas y un sistema de profesionales que se insertaban en la estructura de un Estado burocrático moderno. En síntesis, la conceptualización weberiana implica algo diametralmente opuesto al lugar común que se le asigna habitualmente en los debates políticos mediatizados.


JIM