lunes, 22 de febrero de 2010

Diálogo


Señala Wordsworth:

The passions of men (I mean, the soul of sensibility in the heart of men) –in all quarrels, in al contests, in all quests, in all delights, in all employments which are either sought by men or thrust upon them- do immeasurably transcend their objects. The true sorrow of humanity consists in this; not that the mind of man fails; but that the course and demands of action and of life so rarely correspond with dignity and intensity of human desires: and hence that, which is slow to languish, is too easily turned aside and abused.

Responde Mangabeira:

However, there is a solution – at least to some extent and in some sense. It requires a sustained set of changes in the organizations of society as well as in the orientation of consciousness. Its benefits touch on our most fundamental interests. First, on our material interests in lifting the burden of poverty, drudgery, and infirmity weighing on human life; it lightens this burden by developing those forms of cooperation that are most hospital to permanent innovation. Second, on our social interests in disengaging our cooperative relations from the restraints on predetermined social division and hierarchy. Third, on our moral interests in creating circumstances that enable us better to reconcile the conflicting requirements of self-construction: to live among others without surrendering to them our self-possession. Fourth, on our intellectual and spiritual interests in so arranging society and culture that we are better able to be both insiders and outsiders, and engage without surrendering.

The enlargement of human power, individual and collective, we should seek and prize is a combination of these four interests. The protagonists and beneficiaries are ordinary men and women rather than an elite of heroes, geniuses and saints.

sábado, 20 de febrero de 2010

Barricada



Audio de la presentación de Roberto Mangabeira Unger en el Council of the Americas... Porque cada espacio es una barricada en potencia.

martes, 16 de febrero de 2010

Las humanidades y la privatización de lo sublime


En las humanidades predominan las tendencias escapistas. Su característica principal es incitar a aventuras de la conciencia desconectadas de la reforma práctica de la sociedad. En la cultura moderna, la funesta divisón de caminos entre la modernidad y el izquierdismo es el antecedente inmediato de este divorcio. Al amparo de esta desconexión entre nuestros proyectos para la sociedad y nuestros proyectos para el ser, privatizamos lo sublime, relegando al espacio interior de la conciencia y el deseo nuestro proyecto transformador más ambicioso y considerando a la política como el terreno de modestas decencias y eficiencias.
El mensaje secreto es que la política debería achicarse para que los individuos puedan agrandarse. La política, sin embargo, no puede achicarse sin que el resultado sea disminuir a las personas. El deseo, por naturaleza propia, se expresa en las relaciones; el impulso fuerte busca su expresión en las formas de la vida común. Si la política se vuelve fría, también lo hará la conciencia, a menos que conserve su calor bajo la forma autodestructiva del narcisismo.
RMU

lunes, 8 de febrero de 2010

Ropas prestadas


Nuestras instituciones no son nuestras, son ropas prestadas. Hemos sufrido el defecto opuesto al de los estadounidenses. Ellos han tendido a considerarse como los inventores y arquitectos de arreglos institucionales que representan las formas naturales y definitivas de una democracia política y de una economía de mercado. Nosotros hemos perdido la esperanza de crear instituciones propias que se adecuen a nuestros propósitos.
No sorprende, por eso, que Argentina continúe, aún hoy, enfrentando a sus antiguos demonios: la elección, inaceptable, entre la respetabilidad estéril y la aventura frustrada, entre el gobernante rendido y el gobernante no confiable, entre una civilización postiza, compuesta de empréstitos materiales y espirituales, y una barbarie que no consigue traducir a la vitalidad en fecundidad.
RMU

martes, 19 de enero de 2010

El Despertar del Individuo


En El Despertar del Individuo Roberto Mangabeira Unger presenta la concepción filosófica que guía el extenso programa interlectual sobre el que ha trabajado durante años, un programa que aporta aleternativas reales y concretas a los ordenamientos existentes en nuestras sociedades y a los supuestos sobre los que descansan.
La propuesta esbozada en este libro desafia a la "filosofía perenne", aquella que nos invita a interpretar nuestra existencia desde un punto externo a nosotros mismos, como si fuéramos ajenos a los avatares del tiempo.
El pragmatismo sin ataduras que propone Roberto Mangabeira Unger implica entender a la humanidad y construir su futuro reconociendo nuestra finitud, pero también nuestra capacidad de trascender los contextos en los que actuamos. El autor señala los primeros pasos en esa construcción: con la imaginación y la esperanza como guías gemelas, reorientaremos la economía, la política, la moral y la religión.
"La imaginación por sobre el dogma, la vulnerabilidad por sobre la serenidad, las aspiraciones por sobre las obligaciones, la comedia por sobre la tragedia, la esperanza por sobre la experiencia, la profecía por sobre la memoria, la innovación por sobre la repetición, lo personal por sobre lo impersonal, el tiempo por sobre la eternidad. Y, por sobre todo, la vida."





miércoles, 23 de septiembre de 2009

Hace un tiempo...



















Encuentro en Buenos Aires reunió a Solanas, Iglesias y Mangabeira Unger: ¿Qué significa ser progresista hoy?

La necesidad de redefinir el espacio y recomponer alianzas sociales y políticas en un mundo cambiante signó las reflexiones de los destacados referentes.


por Aleardo F. Laría


La expresión "progresista" está desplazando paulatinamente a la palabra "izquierda" en el vocabulario de la política. En ocasiones se emplea por superposición y en otros casos con la pretensión de designar algo diferente. El interés por el significado actual del progresismo en la Argentina del siglo XXI dio lugar a un interesante debate entre intelectuales progresistas, reunidos días pasados en Buenos Aires.

Al encuentro acudieron Fernando "Pino" Solanas, Fernando Iglesias y el intelectual brasileño Roberto Mangabeira Unger, para discutir el alcance del término progresista en una mesa redonda que se realizó en el local del Partido Socialista Obrero Español.

Tanto Solanas como Iglesias son conocidos dirigentes políticos, uno diputado electo y el otro en ejercicio. Roberto Mangabeira Unger ha sido minis- tro de Asuntos Estratégicos de Brasil y durante su profesorado en Harvard tuvo un discípulo excepcional: el actual presidente de EE.UU., Barack Obama.

El primero en abrir el turno de intervenciones fue Fernando Iglesias, quien justamente acaba de publicar un libro que se denomina "Qué significa ser progresista en la Argentina del siglo XXI" (Editorial Sudamericana). Iglesias, integrante de la Coalición Cívica, es un crítico filoso del gobierno de los Kirchner y su primera observación pasó por resaltar una curiosidad. Afirmó que en un momento en que la palabra "progresista" se intercambia con la expresión "izquierda", el gobierno progresista que pretende encarnarla en Argentina es un revival de las peores prácticas de las décadas del cincuenta y del setenta.

Mientras la palabra izquierda hace referencia a un dato espacial (un espacio a la izquierda del centro y de la derecha), la categoría progresista está relacionada con el tiempo. Progresista es el que apunta al futuro, mientras los conservadores pretenden congelar el presente y los reaccionarios hacernos retroceder al pasado. Esta nueva forma de clasificar las posiciones políticas tiene curiosos resultados, dado que se puede ser de izquierdas y al mismo tiempo conservador, como lo evidencia el caso de Fidel Castro en Cuba.

Para Iglesias, los desafíos del presente que enfrentan los progresistas hoy en día consisten, en primer lugar, en la pérdida de los sujetos históricos tradicionales, como la clase obrera y, como consecuencia, la necesidad de recomponer grandes alianzas que incorporen al centro liberal y democrático.

En segundo lugar, se debe pensar en un modelo de desarrollo y modernización no industrial, basado en el conocimiento y que, por tanto, asigne singular importancia a la educación. Otro desafío consiste en hacer frente al fenómeno de la globalización mediante la defensa de los intereses nacionales por nuevos métodos que no pueden ser ya concebidos desde el nacionalismo tradicional. Por último, señaló la necesidad de conformar instancias democráticas globales, puesto que actualmente todo se globaliza menos la democracia.

"Pino" Solanas toma distancias del gobierno K, al menos en el lenguaje. Así afirmó que el gobierno, con un tercio de pobreza y cinco millones de indigentes sobre sus espaldas, ha dejado vaciado de contenido el término progresista. En su opinión, el matrimonio K sigue profundizando el modelo menemista manteniendo una sólida alianza con grandes conglomerados de la banca, las petroleras, las empresas mineras y las agroexportadoras. Señaló que las grandes tareas actuales pasan por la lucha contra la marginación y la pobreza, recuperar las rentas de los recursos naturales, invertir en salud y educación y favorecer la capitalización de pequeños y medianos productores agrarios.

Roberto Mangabeira Unger es un intelectual de gran fuerza oratoria y pensamiento innovador. Comenzó señalando que había que radicalizar el impulso reformista de la época, pero sin abandonar el marco democrático vigente. En su opinión, para la actual socialdemocracia, hegemónica en el mundo, lo social es el azúcar que cubre propuestas muy tibias y poco audaces.

Afirmó que la tarea principal de la etapa pasa por dignificar a las personas y rebelarse contra un destino que las conduce a la miseria y marginación. En el terreno institucional, puso como ejemplo el radicalismo argentino, que nació tratando de integrar a las masas pero terminó aceptando el presidencialismo conservador de Madison. Al no renovar la democracia pecó de exceso de timidez y dejó un país vulnerable.

Los ejes de una nueva alternativa pasan, en su opinión, por dotar de un escudo económico a la rebeldía nacional.

Defendió los procesos endógenos de desarrollo señalando que ningún país se había enriquecido con el dinero de los otros países. Afirmó la necesidad de democratizar el mercado, no sólo regularlo. Habría que reconstruirlo institucionalmente en base a un nuevo modelo industrial pluralista y participativo, reconfigurando la relación capital-trabajo.

Señaló que las políticas sindicales de defensa de los derechos adquiridos favorecían a los trabajadores que estaban adentro, en perjuicio de los que quedaban marginados.

Para Unger la sociedad debe brindar oportunidades, no ofrecer caridad. Es necesario capacitar al pueblo dado que está emergiendo una segunda clase media mestiza, imaginativa, con inmensas ganas de progreso.

Estimó que debía usarse todo el poder del Estado para favorecer la expansión de esa nueva vanguardia social. Instó a modificar el actual modelo pedagógico y aprovechar el potencial del federalismo al promover un asociacionismo cooperativo entre los tres niveles.

En relación con el impulso democrático, Unger hizo un llamado a profundizar la democracia y abandonar este modelo soporífero. Señaló la necesidad de acelerar el tiempo de la política y favorecer la modernización institucional. Sugirió modificaciones dirigidas a conseguir que tanto el Poder Ejecutivo y el Legislativo pudieran ser disueltos anticipadamente para dar lugar a nuevas elecciones. Con respecto a la situación de Unasur, Unger resumió su posición afirmando que no debíamos aceptar la actual división entre países serios y países ganados por rebeldías retóricas de confusión y conflicto.