sábado, 27 de junio de 2015

Tensionar y Agitar


“I have to create tension within the administration and agitate outside.”

Working within the System to Disrupt Brazilian Politics

http://www.nytimes.com/2015/06/27/world/americas/working-within-the-system-to-disrupt-brazilian-politics.html?_r=0

jueves, 5 de febrero de 2015

Volvió él y volvimos nosotros!

Una profecía expresada hace ocho años:

“O engrandecimento (dos nossos países) soará em todos os recantos da terra como o grito de uma criança ao nascer, prometendo um novo começo para o mundo. Presos em seus afazeres, ansiosos para esquecer que morrerão, homens e mulheres pararão por um instante. Perturbados por esperança inesperada, ouvirão nesse grito a profecia do casamento da pujança com a ternura, da grandeza com o amor.”

Una promesa hecha hace siete años:

“Si fuéramos romanos del siglo III AC buscaríamos el altar donde se conservaba la memoria de los mayores y allí juraríamos no descansar hasta ver derrotados a los hombres que envilecieron a nuestro país, y ver destruido el orden que -en nombre del destino- ellos le impusieron. Como somos argentinos en el siglo XXI, escribimos estas palabras en vez de ir al altar. Que sirvan como otra manera de prestar, ante nuestros conciudadanos, el mismo juramento.”

Volvimos para provocar la una, y para cumplir con la otra.



sábado, 26 de enero de 2013

lunes, 14 de enero de 2013

La naturaleza, en su lugar

                                                                       El Chalten - Argentina

Al principio, necesitábamos tanto de la naturaleza, que la adorábamos. Ahora la necesitamos cada vez menos. No podemos deshacer las consecuencias de esta liberación, sólo podemos ir hacia adelante, cada vez más lejos de la necesidad que una vez nos obsesionó, hacia la libertad que hoy nos desorienta.

La civilización es el antídoto a nuestra dependencia de la naturaleza. Sin embargo, durante gran parte de la historia humana permanecimos tan vulnerables a las fuerzas naturales fuera y dentro de nosotros, que seguimos imaginando lo divino en la imagen de las fuerzas naturales. Estas sensaciones de debilidad, miedo y reverencia eran aterradoras, pero no fueron trágicas. Encontramos respiro en nuestros poderes de invención. Inventando instituciones y máquinas, empezamos a superar nuestra impotencia. Reconociendo que nuestras mentes podrían superar nuestros cuerpos frágiles y nuestra circunstancia degradante, llegamos a imaginar un Dios que, como nosotros, se eleva por encima de la naturaleza.

Como resultado de este mayor poder, nuestra experiencia de la naturaleza se ha quebrado en cuatro partes, cada una marcada por una actitud distintiva hacia el mundo natural y una característica contienda de aspiraciones. Sólo una de estas cuatro partes de nuestras relaciones con la naturaleza lleva la marca de nuestra necesidad temprana y terror. Sólo otra de las cuatro es trágica.

En primer lugar, está el deleite del paisajista. Tratamos la naturaleza como marco para el escape de la lucha y el esfuerzo, hacia la libertad estética. Que el objeto de esta libertad sea algo que encontramos en vez de algo que hicimos, sólo aumenta su encanto. ¿Por qué no convertir áreas enteras del planeta tierra en parques globales para el regocijo de aquellos exasperados por las decepciones de la sociedad? Nos preocupa cuánto podemos permitirnos restar de la producción por el bien de la recreación, calculando ansiosamente los términos de intercambio de tundras por pozos de petróleo, o de selvas por papel. La verdad, sin embargo, es que a medida que crecemos en riqueza y destreza, y se nivela el crecimiento poblacional, podemos convertir más espacios en jardines. ¿Acaso no es Japón, en contra de todas las expectativas, el país con la mayor parte de su territorio nacional cubierto por bosques vírgenes?

Segundo, está la responsabilidad del administrador. Nos vemos a nosotros mismos como gerentes, para las generaciones futuras, de un fondo de amortización de recursos no renovables. Equilibramos el llamado del consumo con el deber de la frugalidad. Es una ansiedad fundada en una ilusión. La necesidad, madre de la inventiva, nunca ha fallado en la historia moderna para obtener una respuesta científica y tecnológica a la escasez de un recurso, dejándonos más ricos de lo que éramos. Si el propio planeta tierra fuera a perderse, podríamos encontrar una manera de huir de él hacia otros confines del universo. Más tarde volveríamos a visitar nuestro abandonado y desagradable planeta, para re-fertilizarlo y re-habitarlo antes de su ardiente final. ¿Se secarán las aguas? ¿Se acabará el petróleo? Es útil estar intranquilos y por ende ser prudentes. Es absurdo afirmar que tal acontecimiento sea insuperable para nuestro ingenio.

En tercer lugar, está la flaqueza de los mortales. Sólo una pequeña fracción de la población mundial es amenazada por desastres naturales que aquejaron a nuestros antepasados; un número mucho menor que las víctimas de cualquiera de las enfermedades más importantes que nos siguen afligiendo. Aún inundaciones y sequías comienzan a ceder su terror ante la precaución tecnológica, la sustitución comercial, y la despoblación rural. Hay, sin embargo, un área de la experiencia en la que seguimos sufriendo como siempre sufrió la humanidad, hasta utilizar la mente para ganar poder sobre la naturaleza: nuestra relación con las enfermedades y la muerte. Aterrorizados y distraídos, dudando tanto de nuestros propios poderes como de la mayor providencia, trabajamos para curar las enfermedades que nos aquejan, y soñamos la vida eterna.

Cuarto, está la ambivalencia del titán. Ahora que necesitamos menos de la naturaleza, enfrentamos un conflicto del que nuestros indefensos antepasados se salvaron. Somos capaces de cuestionar los efectos de nuestras acciones sobre la naturaleza animada e inanimada que nos rodea. Nos preguntamos si no deberíamos sacrificar nuestros deseos egoístas por el bien de un sentimiento más inclusivo. Sin embargo no somos dioses, apenas semidioses; demasiado fuertes para ser indiferentes, demasiado débiles para renunciar a ejercer las prerrogativas de nuestro poder sobre las formas de vida, o incluso de seres sin vida, con quienes compartimos nuestro mundo. Aquí, por fin, hay un conflicto que no podemos esperar resolver, sólo para soportar, para entender y para dirigir.

Nuestra experiencia de la naturaleza está ahora dividido en estos cuatro pedazos. ¿Dónde y cómo, en esta confusión, podemos encontrar guía? ¿Qué debemos hacer con el triunfo sobre nuestra necesidad de la naturaleza? ¿En qué dirección debemos impulsar nuestro avance? ¿Y qué limitaciones debemos honrar mientras lo hacemos?

Lo que necesitamos no son grises abstracciones, sordas a las paradojas de la experiencia, sino una concepción simple, cercana a la historia que nos trajo a nuestro estado de poder actual. La capacidad de permanecer abiertos al futuro -a futuros alternativos- es decisiva. Considérense dos caras de una misma visión. Una habla a nuestro dominio de la naturaleza fuera de nosotros; la otra, a nuestros experimentos con la naturaleza dentro de nosotros.

Somos inquietos por naturaleza porque la mente concentra una cualidad difusa: la mente es inagotable y, por tanto, irreductible e incontenible. Ningún ajuste limitado, de la naturaleza, la sociedad o la cultura, puede caber todo lo que nosotros -como especie, como individuos -podemos pensar, sentir y hacer. Nuestra impulsividad, incluyendo nuestro motor para afirmar nuestro poder sobre la naturaleza, sigue de nuestra inagotabilidad. No deberíamos -y en gran medida no podemos- suprimir las iniciativas por las que fortalecemos nuestro dominio sobre la naturaleza, en nombre del deleite, la administración, o la reverencia.

Hay razones, sin embargo, para poco a poco ampliar las áreas del planeta y de cada vida humana, para actividades libres de la tiranía de la voluntad y de los dictados de la sociedad. Al dividir nuestro tiempo entre la incansable conquista de la naturaleza y el cándido reencuentro con ella, en vez de tratar de subordinar el prometeanismo a la piedad, podemos evitar embrutecernos a nosotros mismos.

Considérese otro aspecto de la misma visión. Nuestras sociedades y culturas nos hacen quienes somos. Sin embargo, siempre hay más en nosotros -nosotros, la humanidad; nosotros, los individuos- de lo que hay o puede haber en ellas. Ellas son finitas. Nosotros, con respecto a ellas, somos infinitos. No tenemos interés mayor, entonces, que organizar la sociedad y la cultura para que dejen el futuro abierto, e inviten a su propia revisión.

En democracia, este interés se convierte en supremo, porque la democracia otorga a hombres y mujeres comunes el poder de re-imaginar y rehacer el orden social. Es por eso que en democracia la profecía habla más fuerte que la memoria. Es por eso que los demócratas descubren que las raíces de un ser humano están en el futuro y no en el pasado. En una democracia, la escuela debe hablar por el futuro, no por el Estado o por la familia, dando al niño los instrumentos con los que pueda rescatarse a sí mismo de los sesgos de su familia, de los intereses de su clase, y de las ilusiones de su época.

Estas ideas pueden informar nuestros esfuerzos por solucionar, a través de la ingeniería genética, la naturaleza dentro de nosotros. Nada debería impedirnos jugar con nuestra constitución natural, inscrita en código genético, para evitar enfermedades y deformidades. El lugar para detenerse es el punto en que el presente busque formar seres humanos que configuren un futuro dibujado a su imagen y semejanza. Deja que los muertos entierren a los muertos, es lo que el futuro tiene que decir, a través de nuestras voces, al presente. Dejar libre al futuro demostraría más que poder. Mostraría sabiduría.

                                                                       Roberto Mangabeira Unger

jueves, 4 de octubre de 2012

No one changes the world without a fight


"In any use of politics to change society, there is the moment to unite and the moment to divide. What usually happens is that instead of the marriage of institutional imagination with a willingness to fight, we get lack of imagination providing an alibi for surrender, disguised as realism. The impersonal friendliness, the aloofness, the estrangement from the urgency of the moment, the craving for prompt and universal approval -- all these psychological characteristics, common among the professional politicians, provide cover for something much worse.

In this absence of structural vision and structural alternatives, in this abdication of the progressives, lies the tragedy of contemporary politics. The program of the would-be progressives has become to put a human face on the program of their conservative adversaries. Everything else is derided as radical fantasy. 

Politics is ultimately religious as well as practical. Without prophetic vision, assisted by courage, the enabling virtue, political activity remains impotent to change anything."
Roberto Mangabeira Unger

martes, 22 de mayo de 2012

lunes, 9 de abril de 2012

Decline in Style

Gabriel Saez - Artículo en Folha English version from Zocalo Public Square

martes, 3 de enero de 2012

A religião dos derrotados



O cristianismo não é, como supôs Nietzsche, a religião dos ressentidos. Mais razão teve Unamuno ao defini-lo como a religião dos derrotados. Vitoriosos, compreendeu ele, são os que se adaptam ao mundo, aceitando como horizonte a circunstância que encontram. Derrotados, de início, são aqueles que exigem que o mundo se adapte a eles. Desses derrotados, derrotados porque inconformados, depende o avanço da humanidade.

Se há sinal de que a vida não é o que parece ser é a carreira do cristianismo. Não há mensagem que contradiga mais o bom senso mundano do que a mensagem cristã. Ela surge de acontecimentos enigmáticos e paradoxais.

Um jovem judeu de periferia começa a ensinar um caminho de salvação. Intransigente e mal cercado, preocupa as autoridades políticas e religiosas, que se acertam para matá-lo. As expectativas que acalentou se frustram. Seus seguidores o renegam. Depois, sua existência e suas palavras são entendidas como prenúncios de vida maior para todos. Acabam virando diretriz de uma civilização que inventa mil maneiras de descarecterizá-las para poder domá-las.

O cristianismo recolheu do judaísmo a idéia da transcendência radical de Deus sobre o mundo e da supremacia da personalidade humana, feita à imagem e semelhança de Deus, sobre o bem impessoal. Há mais em nós -- mais em cada indíviduo e mais na raça humana -- do que há em todas as sociedades e culturas. Elas são o finito. Nós, em comparação com elas, somos o infinito preso no finito. Temos de quebrar os ídolos -- inclusive as instituições estabelecidas e as idéias reinantes -- para poder respeitar as pessoas, o espírito inexaurível enjaulado dentro de cada um de nós. Temos de construir idéias e instituições mais compatíveis com a condição do espírito.

A reafirmação da transcendência convive no cristianismo, entretanto, com a idéia que está associada ao Natal. O espírito se encarnou no mundo porque o espírito é amor. Embora transcendentes sobre o mundo, somos carentes das outras pessoas.

O mundo, porém, não está preparado para a primazia do amor porque no mundo cada um de nós está crucificado, em separado, na cruz das limitações que nosso destino social e genético nos impôs. Temos, por isso, de mudar o mundo, começando por transformar nossa relação com ele. Para isso, precisamos romper a múmia de rotinas e rendições que se vai formando em torno de cada um de nós. Desproteger-nos para poder imaginar o possível e aceitar os outros é a essência da sabedoria e o rumo da divinização.

No ambiente de semi-crença e confusão em que habitualmente vivemos, as fórmulas e os rituais da religião convencional não exprimem adesão a esse ideário. Servem apenas como encantamento para espantar o medo da morte e para compensar a incontrolabilidade da vida.

Melhor faríamos se rejeitássemos essa falsa religião, camada da múmia que nos sufoca, e passássemos, apóstatas intranquilos, a ver o ensinamento de Cristo como a doutrina desestablizadora que ele é. Melhor se, desprovidos do encantamento, tivéssemos de enfrentar o contraste, que o cristianismo nos revelou, entre o espírito ilimitado e a situação constrangedora. A hora da nossa apostasia seria o momento da nossa conversão. Isso sim seria Natal.

Roberto Mangabeira Unger

martes, 18 de octubre de 2011

The Next Revolution in Legal Education

Daniel Vargas, la esperanza de Sudamérica, produjo este video:


martes, 9 de agosto de 2011

El amigo Caetano






Mangabeira deve ser ouvido porque ele destoa dos papos costumeiros
Minha amiga Heloisa Chaves me pergunta, brincando, se quero que os brasileiros se orientem pelas falas de Mangabeira no YouTube (http://bit.ly/robertounger ) se nem todos os brasileiros entendem inglês. Isso porque há uma série de vídeos sobre a crise econômica (além de outros, interessantíssimos, de temática religiosa e filosófica) dirigidas a um público global, quando não especificamente a estudantes americanos, todos em inglês. Mas os vídeos que recomendo aos brasileiros têm por título “Alternativa nacional”, e em todos Mangabeira fala português. Uma outra amiga, Suely, diz não entender o português do professor. Diferentemente de Heloisa, Suely não o faz (ao menos aparentemente) em tom de piada. Ela se queixa de que o sotaque dele a impede de compreender as palavras. Me pede que eu comente aqui as falas para que ela possa saber o que é que ele diz. Claro que eu não acreditei nela. Mangabeira tem um sotaque peculiar, mas fala pausado e com grande clareza.

Eu me lembro de ter um dia escrito aqui que seus erres retroflexos não se justificavam. Ouvindo essas palestras me dei conta de que, embora ele tenha aspectos fortes de pronúncia americana em sua fala, seus erres não são retroflexos (palavra que acho que aprendi com Heloisa, no tempo do blog Obra em Progresso, de feitura do CD “Zii e Zie”). Os erres de Mangabeira são linguodentais, nunca guturais ou aspirados, mas são tão límpidos quanto os de um cantor de ópera. Nada dos erres molhados e moles do inglês americano. Há mais estranhezas em algumas vogais (e outras consoantes, como o T ou o P) do que nos erres. Seja como for, o português de Mangabeira é excelente e claríssimo — e suas ideias, brilhantes.

Trata-se de brilho retórico com resquícios baianos mas sem dar a impressão de superfluidade. Mangabeira tem muito apreço pelo desenrolar da inteligência por entre as palavras. Mas não faz disso o fim último de seu discurso. A entrada direta na arte substancial dos assuntos de que trata é exigência primeira em suas manifestações. De resto, seu inglês tampouco é “normal”. Há uma estilização, uma empostação, que o distanciam do falar do americano comum. É um inglês totalmente americano, mas sem que se possa dizer de que parte dos Estados Unidos. É um inglês, mais do que da academia, do projeto pessoal único de Mangabeira. Em português ou em inglês, temos de enfrentar a peculiaridade desse pensador generoso, porém exigente — e nada preguiçoso.

Já começamos com o reconhecimento do papel importante que pode e deve desempenhar na História futura do Brasil a nova classe média, que veio de baixo e que muitas vezes se reúne em igrejas neopentecostais e desenvolve uma cultura de autoajuda. Sobre essa classe média Mangabeira vem falando há muito tempo, desde bem antes de ela se tornar tão conspicuamente numerosa. Podemos dizer que ele foi seu profeta. É esse tipo de coisa que sempre me atraiu no professor de Harvard. Ele percebe as possibilidades singulares do nosso país e busca pensar com coragem e lucidez sobre como fazer-nos realizá-las. Ele fala da grande vitalidade, “anárquica, quase cega”, do Brasil — e de nossa tragédia em não termos ainda achado os meios de encaminhá-la. Essa nova classe média consegue esboçar caminhos — e servir de guia e líder à multidão de emergentes que a seguirá. Mangabeira lembra que Getúlio Vargas promoveu uma revolução ao pôr o Estado a serviço das forças organizadas da sociedade brasileira no meio de século XX. E que agora a revolução seria o Estado pôr-se ao serviço da maioria que quer seguir a vanguarda representada por essa nova classe média.

Não vou parafrasear suas falas (sempre meio mal: é difícil, mesmo escrevendo, achar as palavras adequadas com tanta precisão quanto esse orador). Ou seja, vou ter que frustrar Suely e insistir em pedir que assistam aos vídeos. Posso, no máximo, chamar a atenção para trechos que possam servir de atrativo para curiosos. “ Precisamos construir um modelo de desenvolvimento baseado em ampliação de opor tunidades para aprender, para trabalhar e para produzir”;“A política industrial do Brasil consiste tradicionalmente em apoiar um pequeno número de grandes empresas sob o pretexto de transformá-las em campeãs mundiais. Enquanto isso, as pequenas e médias empresas, que geram a maioria esmagadora dos empregos, carecem de acesso a crédito e a tecnologia”. Tudo o que destoa da combinação de marxismo encolhido (que abandonou o ímpeto transformador e reteve o fatalismo histórico) com cópia das ideias econômicas neoliberais, combinação essa que é a língua franca da alta cultura brasileira, é rotulado de voluntarismo romântico — queixa-se Mangabeira. Eu, que uma vez fui chamado de arrogante por ter respondido “Sim” à pergunta “Você acha que o Brasil pode dar certo?” com a explicação de que isso é “Porque eu quero”, sou irresistivelmente atraído por esse suposto voluntarismo.

Tudo o que destoa me interessa. Mangabeira deve ser ouvido porque ele destoa dos papos costumeiros. Mas não só. Faz anos que me proponho a fazer propaganda das atividades teóricas e das propostas práticas de Roberto Mangabeira Unger. Nunca me arrependi. Vendo esses vídeos — mesmo em meio a todas as urgentes novidades do noticiário nacional e internacional — me senti mais uma vez no dever de convidar meus compatriotas a atentarem mais para quem tem tanto a dar e demonstra tanto desejo de fazê-lo.


Caetano Veloso

O Globo - 07/08/2011

martes, 2 de agosto de 2011

sábado, 9 de julio de 2011

La radicalización del experimentalismo democrático




"The existing social world, with its structure of stronger and weaker interests, will work to reproduce itself. It will find an ally in prestigious superstitions, such as the beliefs that the market order has a single natural and necessary institutional form or that the different countries of the world converge, by evolutionary decantation, to a single set of best practices and arrangements. This struggle for self-reproduction will limit the chances for experimental innovation in the development of new market organization and new comparative advantage. The present, acting through the logic of established interests and the tools of power at their disposal, will hold the future ransom.
There are, in the end, only two directions in which this dependence of the future on the present -- the path dependency of social experience -- can be weakened. One is to create a hard power that seeks to lift itself over the particular interests of society. The other is to radicalize democratic experimentalism in culture as well as in politics. The first direction hits against intractable limits. No such hard power can be sustained that fails to have real ties to the real interests of society or that forgets to subordinate its experiments in policy to its stake in self-preservation.
The second direction has no limits in principle. However, it has neither a self-evident institutional content nor a foreordained social constituency. Like the concept of a market economy, the idea of democracy lacks any natural and necessary institutional form. Moreover, the radicalization of democracy is feasible only if it is shown to offer a combination of powerful interests a way to achieve what the established order denies them. The content has to be supplied by a political imagination working with the institutional materials at hand. The constituency has to be produced together with the program."

RMU

miércoles, 6 de julio de 2011

martes, 14 de diciembre de 2010

Seminario sobre la "nueva clase media"

Roberto Mangabeira Unger, Márcio Pochmann, Jessé Souza y Joaquim Falcão discuten sobre “A Nova Classe Média e as Transformações do Capitalismo Brasileiro”.

martes, 9 de noviembre de 2010

Vanguardia regional

Nordeste é a vanguarda de um novo projeto para o Brasil (Diário de Natal)

Não chamem o professor Mangabeira Unger de "otimista" que ele corrige de imediato: "Otimista, não! Eu sou esperançoso". No raciocínio dele "otimismo" é atitude contemplativa, coisa de sonhador; já o "esperançoso" sinaliza para a ação. O tema da esperança de Mangabeira Unger agora é o Nordeste. Ele está esperançoso que a presidente eleita Dilma Rousseff avance mais do que Lula em relação à região. Isso porque ela vai começar já de um patamar confortável deixado pelo presidente Lula - obras, investimentos e inserção da região na agenda nacional. Mas para aproveitar esta oportunidade o Nordeste deve ter uma postura mais afirmativa e seus parlamentares precisam deixar de lutar por bandeiras pequenas no Congresso e abraçar a causa do desenvolvimento da região como projeto nacional. Há todas as condições para que, nesse novo governo, o Nordeste seja a vanguarda de um projeto desenvolvimentista para o Brasil, entende ele. Um otimista diria que este é um pensamento idealista; mas um esperançoso como o professor Mangabeira está convicto de que isso é possível. Professor de Harvard desde 1970, foi ministro de Assuntos Estratégicos de outubro de 2007 a junho de 2009, quando retornou à universidade norte-americana. Elaborou o estudo "O desenvolvimento do Nordeste como projeto nacional", fruto de encontros com autoridades e comunidades da região e que foi aprovado com entusiasmo por Dilma quando ela ainda era ministra. Retornou ao Brasil na reta final da eleição. Nessa entrevista, ele diz porque está "esperançoso" com o Nordeste no novo governo.

Como fica o Nordeste no pós-Lula?

O Nordeste pode tornar-se a vanguarda de um projeto de desenvolvimento do Brasil. Agora, a região precisa deixar de aparecer no imaginário do país como o pobrezinho pedindo uma compensação aqui e outra acolá. Tem é que fazer uma aliança com todas as outras grandes regiões do país. Para, juntos no espaço regional, construir um novo projeto nacional de desenvolvimento. Em vez de aparecer no cenário nacional como o primo atrasado pedindo uma ajudazinha, o Nordeste precisa aparecer como vanguarda da nova estratégia nacional.

Há condições objetivas para isso?

O Nordeste já reúne todas as condições para isso. O Nordeste pode ser uma nova China. Agora, tanto pode ser uma China no bom sentido quanto no mau sentido. No bom sentido será um grande engenho de trabalho e inovação, com todo o crescimento e dinamismo, que me impressionou. E no mau sentido se for apenas um território de trabalho barato. A nós não interessa apostar em trabalho barato e desqualificado. Não prosperaremos como uma China com menos gente. Mas para sermos uma China no bom sentido precisamos ter um projeto para o Nordeste.

Que tipo de projeto?

Um projeto que veja o Nordeste não apenas como um assunto regional, mas nacional. Não há solução para o Brasil sem solução para a região Nordeste. O país está em busca de um novo modelo de desenvolvimento, e esse novo modelo de desenvolvimento tem o seu terreno privilegiado justamente nas regiões menos desenvolvidas do Brasil. Sobretudo o Nordeste, mas também Amazônia e Centro-Oeste.

Políticas setoriais (para agricultura,trabalho, indústria) não podem substituir políticas regionais?

Quando o presidente Lula me chamou para o governo [em 2007] a concepção inicial dele era que eu iria formular um projeto para o futuro, visando o horizonte do Bicentenário. Mas eu concluí que se eu apenas fizesse isso, seria muito grande o risco de ficar o trabalho natimorto no papel. E logo reorientei meu trabalho para um conjunto de ações que antecipassem o novo modelo de desenvolvimento. E passei a avançar nesse rumo em dois planos: o de iniciativas setoriais e o de iniciativas regionais. É importante dizer que em geral as ações regionais não só me entusiasmaram, como tiveram uma ressonância, demonstraram um potencial de progresso superior à maioria das ações setoriais. E uma das razões para isso acontecer é que, enquanto as iniciativas setoriais tratam de uma fatia do mundo, as iniciativas regionais tratam do mundo inteiro. E o mundo inteiro no qual há bases sociais reais: o governo, estado, empresariado, organizações sociais. Que são uma base para apoiar estas iniciativas.

Com Dilma Rousseff, que futuro pode ter o estudo que o senhor deixou?

Em todos os encontros que tive com ela para discutir o projeto ela concordou comigo na ideia central de que as políticas regionais em geral e a política para o Nordeste em particular devem ser encaradas como a construção regional de um projeto nacional, e não como uma distribuição de favores a uma região mais pobre. A minha esperança, então, é que este estudo sirva como uma ponte entre o governo atual e o futuro governo. Dilma Rousseff, ainda quando estava no governo, apoiou com muito entusiasmo o projeto, orientada pelo presidente Lula, mas ela própria convencida da importância e da viabilidade desse projeto. E ela inclusive presidiu várias reuniões de ministros, sobre o projeto, dando apoio.

Qual a importância da bancada de deputados federais para esse projeto?

Nós temos aí um potencial de poder que não se aproveita. Um poder que não se exerce. Veja o seguinte fato interessante: a Amazônia, o Nordeste e o Centro-Oeste juntos têm a maioria esmagadora no Senado federal e também, o que é mais surpreendente, maioria na Câmara dos Deputados. Ninguém imaginaria isso, acompanhando os rumos que toma a política brasileira. Apesar disso, o ambiente que eu encontrei nas bancadas do Nordeste em Brasília foi muitas vezes um clima de lamentação. Em vez de ser a construção coesa de um potencial de poder, a serviço de um determinado projeto, lamentação.